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Brasão de Rio de Moinhos

Rio de Moinhos

En la orilla derecha del Tâmega, entre castro, granito y devoción.
1 fiesta registrada en esta freguesia
desenho de RS1974, a partir de Sérgio Horta · CC BY 3.0 · via Wikimedia Commons · fonte

fiestas en esta freguesia1

qué ver

Igreja de São Tiago (iglesia de São Tiago), templo con raíces en el siglo XVI y centro religioso de la parroquia.<p>Capela do Senhor dos Remédios (capilla de Senhor dos Remédios), situada en un lugar de amplias vistas, con mirador sobre el paisaje circundante.<p>Pelourinho do Largo do Carvalhal, hoy monumento-memorial dedicado a fechas históricas de la historia de Portugal.<p>Parques de Lazer de Novelhos, do Ribeiro e da Ribeira, espacios de descanso junto al agua y a los árboles.

sobre el lugar

En el municipio de Penafiel, en el distrito de Oporto, Rio de Moinhos se asienta en la orilla derecha del Tâmega, en un paisaje de colinas graníticas y riberas fértiles. La tierra guarda vestigios de un castro neolítico y de termas romanas, y a finales del siglo XIX vivió de la explotación del granito, un trabajo que dejó su huella en sillares y muros de la zona. La Igreja de São Tiago (iglesia de São Tiago), con raíces en el siglo XVI, es su corazón religioso.

historia

Hay tierras que guardan el tiempo en capas, como si cada generación hubiera dejado su huella sin borrar la anterior. Rio de Moinhos, en el concelho de Penafiel, es una de esas tierras donde la memoria se remonta a mucho antes de la historia escrita. En sus inmediaciones se erigió un castro de tiempos neolíticos, testimonio de que estas colinas ya albergaban gente cuando el mundo todavía se medía por el paso lento de las estaciones. Después llegaron los romanos, esos que nunca se conformaban con pasar: dejaron cerca unas termas, esas construcciones ingeniosas donde el placer del agua caliente se mezclaba con el ritual de la vida en común. La tierra les venía bien, asentada en la orilla derecha del Tâmega, no lejos de donde ese río va a rendirse al Douro.<p>Hacia el siglo V llegaron suevos y visigodos, pueblos del Norte que trajeron otras costumbres y otras lenguas, y en el siglo VIII llegó el turno de la presencia musulmana. De esa época nació una de las leyendas más queridas de estos parajes: la de la moura del Penedo da Pena, una de esas historias que se cuentan al calor del hogar y que atraviesan generaciones sin que nadie sepa ya dónde acaba el hecho y empieza la fantasía. Con la Reconquista, Rio de Moinhos pasó a integrarse en el antiguo territorio de Anégia, ese espacio medieval que estructuró el poblamiento de toda esta región entre el Tâmega y el Douro.<p>Las gentes de aquí conocieron, a finales del siglo XIX y comienzos del XX, una actividad que marcó profundamente el paisaje y el día a día: la explotación del granito. La piedra que aflora de estos montes fue arrancada y trabajada por manos encallecidas, dando sustento a familias enteras y dejando en los sillares y en los muros el rastro de un saber que se transmitía de padres a hijos. Es una tierra acostumbrada al trabajo duro, moldeada por la firmeza de la roca y por la fertilidad de las riberas fluviales.<p>Quien visita Rio de Moinhos encuentra lugares con alma propia. La Igreja de São Tiago (iglesia de São Tiago), con raíces en el siglo XVI, es el corazón religioso de la parroquia, un templo que ha resistido el paso de los siglos y sigue reuniendo a la comunidad. En el Largo do Carvalhal se alza el Pelourinho, hoy convertido en monumento-memorial, que rinde homenaje a fechas significativas de la historia de Portugal, recordando a quienes pasan por allí que la memoria de un país se construye también en estas plazas de aldea. Pero quizá ningún lugar tenga tanto encanto como la capilla de Senhor dos Remédios, posada en un rincón de amplias vistas, desde donde la mirada se pierde por el paisaje y donde la devoción se mezcla con la belleza natural.<p>Para quienes disfrutan del aire libre y de los descansos junto al agua y a los árboles, la parroquia ofrece espacios de ocio que invitan al reposo y a la convivencia: el Parque de Lazer de Novelhos, el Parque de Lazer do Ribeiro y el Parque de Lazer da Ribeira. Son esos lugares donde las familias se reúnen, donde los juegos de los más pequeños se cruzan con las conversaciones de los mayores, y donde el ritmo de la tierra se ralentiza para dar paso al simple placer de estar.<p>Las tradiciones de Rio de Moinhos tienen el calor de una comunidad que no olvida celebrar. A lo largo del año, la vida de la parroquia se jalona de momentos de fe y de fiesta, con los grupos de folclore que mantienen vivos los pasos y las melodías de otros tiempos, y con desfiles y celebraciones que atraviesan las generaciones. Siempre hay lugar para la devoción religiosa y para la alegría colectiva, en esa alianza entre lo sagrado y lo festivo que define tan bien el carácter de las gentes del interior norteño.<p>En la mesa, la tierra de Penafiel no defrauda. La gastronomía sigue el compás de las estaciones y del calendario, variando según la época y las ocasiones especiales. Reina el cabrito ou anho assado com arroz de forno (cabrito o cordero asado con arroz al horno), plato de fiesta capaz de reunir a toda la familia alrededor de la mesa. No falta el cozido (cocido de carnes y verduras), ni el sável frito ou de escabeche (sábalo frito o en escabeche), ni la lampreia à bordalesa, esa delicatesen fluvial que exige paciencia y saber. En primavera se sirve una reconfortante sopa de castanhas com presunto e feijão branco (sopa de castañas con jamón y alubias blancas), antes de que el asado tome el centro de la mesa. Y para endulzar la vida, toda una colección de dulces tradicionales: bolinhos de amor, pão-de-ló, pão podre, rosquilhos, brinquedos y tortas de São Martinho, nombres que suenan a infancia y a fiesta de aldea. Este es el sabor de Rio de Moinhos: honesto, generoso y profundamente ligado a la tierra que lo produce.